1- Somos Espíritu con cuerpo, y no cuerpo con Espíritu. El cuerpo tiene una vida limitada; el Espíritu parece que es infi nito. El cuerpo es sólo un vehículo o medio de expresión y de adquisición de experiencias para el Espíritu. El perfeccionamiento del Espíritu es fruto de su propio esfuerzo. No pudiendo en una sola existencia corpórea adquirir todas las cualidades morales e intelectuales que deben conducirlo al objetivo, lo alcanza por una sucesión de existencias, en cada una de las cuales da algunos pasos adelante en el camino del progreso. Lógicamente, cada existencia es con un cuerpo distinto: de hombre, de mujer, de extraterrestre...
2- La Tierra no es el centro del Universo, ni es el planeta más grande. En todos los planetas que haya condiciones físico-químicas similares a las de la Tierra, hay la misma probabilidad de que se haya formado vida como la nuestra. Algunas o muchas de nuestras
existencias han sido en otros planetas. Hay mundos más atrasados que la Tierra, y también los hay muy superiores, apropiados a los diferentes grados de adelanto de los Espíritus y donde las formas corporales pueden ser muy diversas, tal como ocurre en la Tierra con los microbios, plantas, aves, peces, etc. Ya lo decía Jesús: "En la casa de mi Padre, muchas habitaciones hay".
3- La muerte es el final de un cuerpo y el retorno del Espíritu a la Luz, a una dimensión de energía en la que se siente que se es, pero que no se tiene cuerpo de materia que conozcamos. El tiempo en esa dimensión, entre una vida material y la siguiente, es variable. Cuando un paciente en regresión hipnótica se refiere a este estado intermedio, puede decir que todavía está cerca de sus seres queridos (esto se presenta usualmente cuando hay apegos fuertes), que está en la luz y que todo es paz, o que siente que está en la oscuridad y vacío (este estado se manifiesta después de un suicidio).
4- En cada existencia corporal el Espíritu debe llevar a cabo una labor en proporción con su grado de desarrollo. Cuanto más ruda y trabajosa sea, tanto mayor será el mérito que obtenga al cumplirla. De esta manera, cada existencia es una prueba que lo acerca al objetivo. El número de esas existencias es indeterminado.
5- Cuando una existencia fue mal empleada y sin provecho para el Espíritu, debe recomenzarla en condiciones más o menos penosas, debido a su negligencia y mala voluntad. Del mismo modo en la vida se puede ser constreñido a hacer al día siguiente lo que no se hizo en la víspera o a rehacer lo que se hizo mal.
6- Los males que afligen a los hombres en la Tierra tienen por causa el orgullo, el egoísmo y todas las malas pasiones. Por causa de sus vicios, los hombres se hacen recíprocamente desdichados y se castigan unos a los otros. El Espíritu que fue vano y orgulloso en una vida anterior, ahora puede tener una existencia de humillaciones; el tirano, una de servidumbre; el mal rico, una de miseria; quien usó sus miembros o sentidos para hacer daño, una de ciego, mudo, manco o deforme.
7- Los Espíritus al encarnarse traen consigo lo que adquirieron en sus existencias anteriores; esta es la razón por la cual los hombres muestran instintivamente aptitudes especiales, inclinaciones buenas o malas que parecen innatas en ellos. Las malas tendencias naturales son restos de las imperfecciones de los Espíritus y de las cuales no están enteramente despojados; son también los indicios de las faltas cometidas.
8- El olvido de las existencias anteriores es un benefi cio de Dios. Si recordásemos lo acontecido en cada uno de los días que hemos vivido, probablemente pasaríamos el de hoy amargados o resentidos. Por las regresiones y las comunicaciones mediúmnicas sabemos que el Espíritu renace relacionado de alguna manera con las mismas personas del medio social o familiar de una existencia pasada, para, entre otras cosas, reconciliarse o reparar males que se hayan causado. Si se reconociese a los que se ha odiado u ofendido, se podrían despertar resentimientos o sentimientos de culpa.
Asumiendo que se pudieran recordar los idiomas, y que varias personas estuviesen solicitando un mismo empleo, tendrían más oportunidad los que hablen inglés, alemán y español, que aquellos que solamente recuerden el sánscrito, el griego y el árabe, lo cual sería injusto. Cada existencia es un nuevo punto de partida. Las tendencias actuales, lo que más trabajo nos cuesta aceptar o corregir, es un indicio de la tarea que estamos cumpliendo. Dios nos quita lo que pudiera dañarnos, y nos ha dado lo que es necesario y puede bastarnos: la conciencia y la intuición, lo cual nos previene de hacer lo malo.
Si el Espíritu del niño ha vivido antes, ¿por qué desde el nacimiento no se manifiesta tal cual es? El niño necesita cuidados delicados que sólo la ternura de una madre puede prodigarle, y esa ternura aumenta con la debilidad y la ingenuidad del niño.
Para una madre sería muy difícil entregarse al cariño de su hijo, si en vez de la gracia ingenua de ese angelito hubiese encontrado bajo las facciones infantiles un carácter viril y las ideas de un adulto, y menos aún si hubiese conocido su pasado y posiblemente recordado que fueron enemigos o se causaron daño.
9- Si el alma (nombre dado a un Espíritu en un cuerpo) no hubiera vivido antes, habría sido creada simultáneamente con el cuerpo. Admitiendo esta suposición, ella no pudo tener ninguna relación con aquellas almas que la precedieron. Entonces, se preguntará, ¿cómo Dios, que es soberanamente justo y bueno, puede haberla hecho responsable de un pecado original que no cometió? Si afi rmamos, en cambio, que el alma trae consigo, al nacer, el germen de las imperfecciones de sus existencias anteriores, y que sufre en la existencia actual las consecuencias de sus faltas pasadas, se da al pecado original una explicación lógica que cada uno puede comprender y admitir, porque el alma no es responsable sino por sus obras.
10- La diversidad de las aptitudes, morales e intelectuales, es la prueba de que el alma ya vivió; si hubiese sido creada al mismo tiempo que el cuerpo actual, no estaría de acuerdo con la bondad de Dios hacer a unas más avanzadas que a las otras. ¿Porqué, entonces, los salvajes y los hombres civilizados, los buenos y los malos, los tontos y las personas ingeniosas? Diciendo que unos han vivido y han adquirido más que los otros, todo se explica.
11- Si la existencia actual fuese la única y ella sola debiera decidir el futuro del alma para el infinito, ¿cuál sería la suerte de los niños que mueren a tierna edad? Decid que podrán cumplir en otras existencias lo que no hicieron en aquella que fue abreviada, y no habrá más excepciones.
12- Por el mismo motivo, ¿cuál sería la suerte de los retrasados mentales y de los que carecen de toda instrucción? Al no tener ninguna conciencia del bien y del mal no tienen ninguna responsabilidad de sus actos. ¿Sería Dios justo y bueno habiendo creado almas estúpidas, para someterlas a una existencia miserable y sin compensación?
Admitid, al contrario, que el alma del cretino o del idiota es un Espíritu en tarea, expiación o castigo en un cuerpo incapacitado para dar su pensamiento, donde está como un hombre muy aprisionado por lazos, y no tendréis nada más que no esté conforme
a la justicia de Dios
13- El Espíritu se va despojando poco a poco de sus impurezas en sucesivas encarnaciones, hasta llegar, suponemos nosotros, a la perfección de Dios. En este proceso recibe ayuda de Espíritus que van más adelante en su proceso, los cuales pudiéramos llamar Maestros, Guías o simplemente ángeles guardianes. Hay Espíritus de muy alto nivel que en alguna época han encarnado con la misión de iluminar el camino con sus obras y hacer avanzar a la Humanidad, tal como Buda, Jesús y Mahoma, entre otros.
14- Es natural la desesperación en aquel que cree que todo acaba con la vida del cuerpo, pero carece de sentido en quien tiene fe en el porvenir. En vuestras aflicciones mirad a los que están por debajo y no por encima. Pensad en aquellos cuyo sufrimiento es todavía mayor que el vuestro. Por lo general, el hombre es el artífice de su propia infelicidad. Si se remonta a la fuente de sus infortunios, verá que son, para la mayoría, el resultado de su imprevisión, orgullo y avidez, y por consiguiente, de su infracción a las leyes de la naturaleza.
15- La oración es recomendada por todos los buenos Espíritus y también es pedida por Espíritus imperfectos como un medio de aliviar sus sufrimientos. La oración no puede cambiar los decretos de la Providencia, pero, viendo los Espíritus sufrientes que
nos interesamos por ellos, se sienten menos desamparados, no son tan infelices. La oración aumenta su coraje, les excita el deseo de elevarse por el arrepentimiento y la reparación, y puede apartarlos de la idea del mal. En este sentido, puede, no sólo aliviar, sino abreviar sus sufrimientos.
16- Orar es tratar de hablar con Dios para expresarle lo que sentimos en ese momento, así sea rabia, desesperación, impotencia, alegría, agradecimiento. Rezar, por el contrario, es repetir, como loras, frases escritas por otros, muchas veces sin sentirlas.
Ore cada cual según sus convicciones y de la manera que crea más conveniente. Aquel que ora con fe (con convicción) es más fuerte contra las tentaciones del mal, y Dios le envía a los buenos Espíritus para ayudarlo. Lo esencial no es orar mucho, sino orar bien. Ciertas personas creen que todo el mérito está en el tamaño de la oración, en tanto cierran los ojos ante sus propios defectos. La plegaria es para ellas una ocupación, una costumbre, un empleo del tiempo, pero no un examen de sí mismas.
17- Aquel que pide a Dios el perdón de sus faltas, lo obtiene más fácilmente si cambia de conducta. Las buenas acciones son la mejor de las plegarias, porque los actos valen más que las palabras.
18- Debemos evitar dejarnos dominar por la autosugestión, el miedo o el fanatismo, al punto de ver la manifestación de un Espíritu en el crujido repentino de un mueble, una aparición en una sombra cualquiera, o una comunicación de ultratumba
en una simple asociación inconsciente de ideas.
Aunque en el campo que nos ocupa hay infinidad de farsantes que abusan de los ignorantes y se aprovechan de los ingenuos e incautos para cobrar "por sus servicios", olvidando que lo que gratuitamente se recibe, gratuitamente se debe dar, no debemos generalizar en nuestros juicios. Aunque hay quienes venden agua con anilina haciéndola pasar por vino, no se ha de concluir que el vino puro no existe, ni que todos los comerciantes en vinos son adulteradores. Cuando Jesús dijo: "Por los frutos se conoce el árbol", nos estaba indicando cómo reconocer falsos profetas. Analiza qué pretende cada uno con lo que dice y con lo que hace.